Recientemente el algoritmo de Instagram me llevó a una publicación distinta cuando navegaba en la pestaña de buscar. En una de las miniaturas se leía algo como: “Un hombre de verdad…” o “El verdadero hombre…”; no lo recuerdo exactamente. Detrás del mensaje se encontraba una imagen del actor Cillian Murphy en su representación de Thomas Shelby, el protagonista de la famosa serie Peaky Blinders. Para quién no haya visto la serie, haré un breve resumen.
La serie se desarrolla en Reino Unido durante las décadas de los años 20 y 30 del siglo pasado. Thomas Shelby pertenece a una familia que dirige una casa de apuestas ilegales de carreras de caballos. Thomas tiene la ambición de entrar en el circuito legal de apuestas e inicia junto a su familia un ascenso en la escala social valiéndose de la extorsión, los asesinatos, el contrabando, conexiones con el movimiento independentista irlandés, y demás lindezas. Todo lo que una serie de gansters podría ofrecer, todo correcto. Para explotar el lado guaperas del actor y enganchar a un público que tenga poco interés por este mundo de los gansters, desde el inicio nuestro Tommy se enamora de una mujer que viene de fuera y que aparentemente trabaja como camarera. Ella no casa con los usos y costumbres de Inglaterra, por lo que da una sensación de mujer distinta, atractiva e intrigante que encandila a Thomas desde el primer momento. Como he dicho, ella tiene segundas intenciones desde el principio para acercarse a él mientras colabora con la policía. Sin embargo, al poco se olvida de su misión principal y lo deja todo por él. Durante el resto de la serie ella será su mujer hasta que la maten, y este pase página con otra esposa. Para humanizar el personaje de Thomas al público y suavizar que es un delincuente, desde el principio nos muestran que tiene una adicción al opio debido a los traumas originados en la 1ª Guerra Mundial. También que los orígenes gitanos de su familia traen consigo unas prácticas esotéricas, en las que las visiones sobre gente muerta y demás supercherías le dan profundidad y trascendencia al personaje. Ese antihéroe melancólico que ha sufrido mucho, y que sin embargo, no es un alcohólico como su hermano. Tommy es un hombre que es capaz de ser pragmático, y que por supuesto, sigue enamorado de su mujer muerta. A lo largo de la serie, la familia Shelby pasará de regentar una casa de apuestas ilegales en un suburbio, a poseer palacios al estilo Downtown Abbey y codearse en las más altas esferas de la política de los años 30.
Sé que me he extendido. No obstante, es importante poner el contexto para comentar el asunto del que vengo a hablar, el Efecto Thomas Shelby.
Sinceramente, al ver la publicación no pude resistirme y pulsé para ver el reel. Ya imaginaba lo que podía encontrarme, pero quise comprobarlo. Una vez comenzó el reel, este consistía en una enumeración de frases cortas con argumentos sobre cómo debe ser un hombre, todo ello adornado con imágenes de Thomas haciendo “cosas de hombre”. Fumando mientras mira al horizonte, bebiendo un whisky con cara interesante, de pie en medio de una calle con su abrigo largo y las manos en los bolsillos de manera imponente. Creo que me seguís ¿verdad? La música que sonaba era de la banda sonora de Sons of Anarchy, This Life, bastante alejada de la época con Peaky Blinders, pero con un contexto parecido. Cuando escuchas This Life de Sons of Anarchy te hace sentir que esos protagonistas, aunque delincuentes son la hostia. Jax Teller en Sons of Anarchy es el mismo tipo de personaje que Thomas Shelby en Peaky Blinders, por lo que el creador del reel eligió una música que trasmitía un mensaje muy concreto, aunque las dos series estuvieran separadas por 6 décadas y miles de kilómetros.
Como os podéis imaginar los consejos sobre cómo ser un hombre recorrían el argumentario de moda entre incels y señores que han tenido un “divorcio difícil”, como dijo Feijóo una vez, y que descubren a los 50 que el mundo no es como les habían contado. Para más inri, las culpables de todo ese derrumbe de “lo tradicional” son las mujeres. Las mujeres en su inmensa mayoría se ven en 2026 como seres humanos independientes y capaces, por lo que ese sector de hombres se encuentra totalmente perdido y son el objetivo perfecto para este tipo de cuentas que pueblan la red, en su mayoría vendiendo cursos sobre cómo ser un hombre, cómo tener éxito con las mujeres, o como convertirse en un hombre exitoso económicamente.
Aparecían mensajes como que un hombre de verdad no pide permiso, sino que actúa. Un hombre en su papel de amante frío y distante como modelo irresistible. Un hombre que dirige los planes en sus relaciones, porque presuntamente a las mujeres no les gusta pensar qué quieren hacer y prefieren que “las saquen”. Un hombre que no muestra debilidad ante otros hombres, porque eso no es muy varonil. Un hombre que no muestra sus planes a otros hombres porque son sus competidores, dejando claro que contárselo a las mujeres da igual porque ellas no son competencia. Supongo que por una supuesta falta de capacidad femenina. Un hombre al que no le importa estar solo porque en los momentos más duros nadie estuvo a su lado, por supuesto sin entrar en esos momentos duros, y si precisamente su comportamiento le llevo a ellos. Un hombre que elige a una mujer sobre otra gran cantidad que podría haber elegido, se va si no se siente respetado. Tampoco aquí la elección de la mujer no cuenta, ni se explica qué se considera como “ser respetado”. Y podría seguir con frases y frases victimistas que intentan mostrar a un hombre agredido por el mundo que de manera tenaz se erige en soledad, fuerte e inamovible como una montaña.
También era llamativo que todas las imágenes de Thomas Shelby eran en actitudes que potenciaban la imagen de un hombre de hace 100 años como modelo. En cambio, no mostraban ninguna del personaje adicto al opio tirado en una cama llorando hecho una mierda, o matando a sangre fría a otra persona, o traficando con mercancía, o coqueteando con los fascistas británicos. Ni siquiera en un momento familiar agradable, abrazando a sus hijos por ejemplo. Y es que parece ser que todo eso no casa bien con la imagen de líder ejemplar al que todos los hombres deberíamos aspirar.
Los comentarios
Tras dejar las palomitas a un lado me dispuse a leer algunos comentarios, había centenares. Los comentarios de cuentas aparentemente masculinas ensalzaban los valores que mostraba el reel. Aplaudían, hablaban con añoranza de “aquellos tiempos” (que ninguno de ellos vivió), extrañaban cuando las mujeres no se quejaban tanto y obedecían; y ya de paso, muchos introducían eslóganes recurrentes sobre la agenda 2030, el malvado pensamiento WOKE, o la supuesta opresión que sufre el hombre blanco heterosexual. Eché en falta algo sobre terraplanismo, luces rojas en casa, o que el comunismo ha matado a 1000 millones de personas o 2000. Es una cantidad que aumenta en proporción al tamaño de la teoría conspiranoica.
Más allá de lo cómico, me pareció muy triste que el modelo a seguir para un sector de hombres de hoy esté basado en la imagen de un delincuente sin escrúpulos, drogadicto, alcohólico, corrupto, y machista de hace 100 años, el cual además ejerce una especie de despotismo ilustrado hacia su familia, “yo sé lo que es bueno para vosotros”.
Los comentarios de los hombres estaban dentro de lo esperado. Sin embargo, me sorprendió la cantidad de comentarios de mujeres apoyando esa visión de hombre. O al menos de cuentas que parecían ser mujeres, hoy en día es difícil de saber. Al principio de esta entrada hablé sobre eso de explotar el lado guaperas del actor, y es a esto a lo que me refería. En los comentarios de mujeres, sobre todo se apoyaba la imagen del personaje en lo que refiere a su relación con la mujer amada. Que él era un amante verdadero de los que ya no quedan, porque los hombres de hoy no se comprometen. De él romantizaban los ojos y la mirada, lo inaccesible, su aparente protección de la mujer que considera suya ante todos los que quieren matarlos, y su éxito como hombre rico que puede colmarla a ella y su familia de todos los lujos de la época. Una imagen distorsionada esto de la protección, ya que el principal motivo por el que necesitan protección es porque él es un delincuente que asesina también a otras personas. Los comentarios que mencionaban su éxito y riqueza se limitaban a envidiar la vida lujosa de las esposas. Los vestidos, las joyas, los sombreros, las fiestas, las mansiones, y la suerte que tenían de vivir así, porque eso sí que era vida. Por supuesto no mencionaban la completa sumisión, la falta de voluntad, el maltrato físico y psíquico, el desapego hacia los hijos, ni tampoco todos los comportamientos delictivos necesarios para ser beneficiarias de esa vida de lujo. Tampoco los cadáveres sobre los que dormían. Sé que no es una mayoría de mujeres la que piensa así, igual que tampoco son una mayoría de hombres los que idolatran la figura de Thomas Shelby, pero no por ello deja de ser menos triste.
En referencia al supuesto ejemplo que puede ser Thomas Shelby, hay una escena genial de la película Una historia del Bronx de Robert de Niro, en la que explica a su hijo que el obrero honrado es el verdadero tipo duro y no el mafioso del barrio, Sonny, porque a él realmente nadie lo quiere, sino que lo temen. Es una escena de esas que valen oro. Os recomiendo la busquéis y la disfrutéis.
Los roles y la industria
Creo que la serie es como tal es bastante buena. Está muy bien hecha, es entretenida, los actores y actrices representan muy bien sus papeles, toca hechos políticos como las huelgas obreras, el auge del fascismo y la corrupción política. No obstante, idolatrar al personaje como modelo de comportamiento es una distorsión de la realidad. Para los hombres que ponen comentarios a favor, lo considero una reacción a su frustración hacia un mundo nuevo en el que ya no vale eso de ser superior a la otra mitad de la población por el simple hecho de tener pene. Como mujeres del siglo XXI, para ellas doy por sentado que si fueran la mujer de Thomas Shelby en el contexto de una mujer de 1930 serían tremendamente infelices y lo mandarían a paseo en poco tiempo. Así que, en mi opinión creo que todo esto tiene poco que ver con adoración real, y más con algo siniestro y creado adrede por la industria del entretenimiento. Por ejemplo, crear contenido audiovisual que reproduce roles en los cuales las mujeres son seres preocupados por la apariencia física y los bienes materiales, que suspiran por un hombre que las trate con desdén y eso haga que sea irresistible, que las colme de regalos que en definitiva las hacen lucir bien, por supuesto siempre y cuando sepan que le pertenecen a él, y que él provee todo eso.
Me explicaré con dos ejemplos.
En una entrevista Jesús Quintero le preguntó a Antonio Gala:
JQ: Maestro ¿por qué me gustará a mí más la pornografía que el erotismo?
AG: Porque es usted pobre.
JQ: JAJAJA.
AG: Mire usted, la pornografía es un negocio. Un negocio que hace alguien que nos quiere vender aquello de lo que ya somos dueños habiéndolo prohibido antes para aumentar la demanda. Es decir, la pornografía es exactamente hija del puritanismo y del capitalismo, que lo controla todo y quiere sacar de todo. Eso es la pornografía.
En el caso de los hombres, se les ha construido una industria del porno que representa unas relaciones salvajes con mujeres humilladas, situaciones donde se limitan a ser una colección de agujeros donde insertar el miembro viril, posturas donde el placer de la mujer no existe, y penes gigantescos que se usan como sacacorchos. Incluso relaciones más que reprobables o abiertamente ilegales, incesto, y casi cualquier cosa que se imagine donde el hombre ejerza su voluntad sobre la mujer. Si ese público joven y no tan joven, basa su educación sexual en esas películas, irremediablemente se producirán casos reproduciendo esos comportamientos en la vida real. ¿Habéis probado a buscar “porno para mujeres” en el buscador? Es totalmente distinto. ¿Cómo puede ser que una actividad como el sexo, en la que participan mujeres y hombres esté grabada en dos formatos tan distintos en el cual uno de ellos muestra una sumisión y degradación de la otra parte, y el otro muestra relaciones mucho más reales y naturales?
En cuanto a las mujeres, han resurgido géneros como las series de época superficiales, que muestran mujeres ricas que se dedican a asuntos banales de la época que representan. Todas ellas enfrascadas en romances con “caballeros” de lo más irreales, que obvian el poder absoluto y la dominación sobre ellas. Además, podría decir también que representan un modo de vida irreal para una mujer media de hoy día que vive en un piso compartido, o trabaja muchas horas para lanzar una carrera que en España no está exenta de trabas, que conduce, que viaja sola, que decide ser madre o no. Nada que ver con la realidad del siglo XIX o principios del XX. También tenemos el género de los dark romance, donde ella suele estar en una posición de subalternidad con respecto al hombre en cuestión que, como dije antes, la trata con desdén, o la ama de manera posesiva, quedando ella rendida a esa rudeza. Reproduciendo roles de una relación tóxica donde el amor a ella tiene que dolerle y tiene que sufrirlo, donde cumplir los deseos de él pasa a ser lo más importante para mantener la luz que proyecta sobre ella y no la abandone. En muchos casos, ella es además una mujer introvertida y solitaria, o viene de un hogar desestructurado, o tiene un trabajo de salario muy bajo con el que a duras penas sobrevive, o tiene una relación de empleada con respecto a él. En contrapartida, él suele ser rico, o un gran directivo, o una figura de éxito que arrasa entre las mujeres. Lo que llamaríamos un donjuán. ¿Os suena 50 Sombras de Grey? ¿Pretty Woman? Este contenido orientado a un publico femenino tiende a perpetuar esos roles y hacerlos pasar como normales para mantenerlas subalternas y hacerles añorar esos tiempos donde el hombre venía a “solucionarlo todo”.
Con esto no señalo a toda la literatura o cine eróticos. Hay muchos ejemplos de mujeres que escriben o graban representado escenas sexuales, juegos y roles. Sin embargo, estos muestran a mujeres que ponen su placer al mismo nivel que la otra mitad, que viven su sexualidad con apertura, libertad y control sobre sí mismas, disfrutando de sus aciertos y padeciendo sus errores como individuos independientes que toman las riendas de su vida. Tampoco digo que las obras que representen otras épocas no tengan cabida en la industria, pero crear en 2026 contenido ambientado en el siglo XIX por ejemplo, y no mostrar el comportamiento real de las personas de la época, creando solo héroes y princesas, o caballeros y damas de una cordialidad abrumadora que nunca existieron, no es algo inocente.
En definitiva, la industria, el dinero y la perpetuación de la subalternidad de la mujer.
Si habéis llegado hasta aquí espero que os haya removido algo en vuestro interior y abráis vuestro debate. Podéis comprobar que si buscáis Thomas Shelby en Instagram os aparecerán decenas de ejemplos. Yo mientras tanto trataré de cambiar el algoritmo de mi cuenta, ya que después de ver varios videos parecidos se me ha llenado de Shelbys que me amargan el café.

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